martes, 11 de marzo de 2014

Vasilis Vasilicós presenta a Glafcos Zrasakis en el Campus del Milán

                                                                                              05/03/2014

            El escritor griego Vasilis Vasilicós (Cavala, 1934) presenta en la Universidad de Oviedo  Lo poco que sé de Glafcos Zrasakis (Hoja de Lata), su última novela y la primera que fue traducida directamente del griego al español.
            La vida de Vasilicós es tan interesante como su propia obra. Ha desempeñado el cargo de embajador de Grecia ante la Unesco entre los años 1996 y 2004. Exiliado de su país por causas políticas. Vivió en Italia, Francia, EE. UU… En exilio publicó Z, su novela más conocida, llevada al cine por Costa Gavras en 1969.
            Mientras  la vicedecana Carmen Alfonso García lo presenta, Vasilicós con su saco oscuro y con su sombrero de capo mafioso, gira el grueso amarillo de oro de piedra que lleva en su dedo. Afable y sonriente escucha, como si entendiera el español, pero algo le suena familiar, sabemos que muchas palabras que conforman el español vienen del griego.
            A la pregunta de la presentadora de que si el éxito de Z le produce un cierto cansancio, Vasilicós, que queda en silencio, mirando fijamente el vaso de agua piensa unos quince segundos la respuesta que va a dar, responde: “cuando has escrito cientos de libros y solamente se te destaca por uno, no es muy agradable”. Luego ironiza sobre esto: “lo bueno es que en mi epitafio se va a escribir que ha muerto el escritor de Z”. El escritor que gusta ver a sus oyentes reír, afirma que según una investigación de la UE, se ha demostrado que la novela Z tiene el título más breve en los últimos doscientos años de la historia de la novela europea, también quería tener el título más largo que era de Peter Handke.
            El escritor griego, recordando a Orwel, explica que el término “escritor militante” o “escritor comprometido” se utilizó durante la Guerra Civil española. Por eso cuando se le pregunta si es un escritor militante, responde que sí, durante tres años, cuando estuvo en el ejército. Vasilicós dice que un escritor, aunque odie la política, siempre vas a expresar de alguna manera una visión política, porque “la ausencia es también en sí misma una presencia”.
            Como el griego es una lengua que lo contiene todo desde hace tres mil años, empieza explicando la palabra “política”, que contiene “polis”, ciudad; “politis”, ciudadano; politiki, política; “polimos”, cultura. Todo ello tiene la raíz “ciudad”, es decir, del pueblo y de aquí surge la democracia, del pueblo. Se llamaba la asamblea del pueblo.
            Comenta que cuando llegó el apóstol San Pablo a su ciudad natal (Cavala), suprimió la parte “demos” de la palabra, es decir, elimina “pueblo” y deja eclesia. “Así tenemos el Cristianismo sin el pueblo y solo tenemos a Dios”. Se perdió el significado del “idiota” porque en la antigüedad existía el ciudadano que pertenecía al pueblo  y el privado o el “idiotis”, y quedó “idiota” en todo el mundo. Entonces los romanos cuando organizaron el estado, metieron la palabra “privado”. Así es como se separó el significado de privado y de estúpido. “Estamos en una sociedad privada, que se globalizó y por eso estamos hoy en día en la situación en la que se encuentran muchos países con alto nivel de desempleo”, explica.
            Hablando de Z, comentó que el asesinato que narra en esa novela ocurrió a doscientos metros de donde él vivía. Por eso sentía que lo que pasaba en su barrio tenía que escribirlo, pero no podía. Tardó tres años, durante los cuales recopiló mucha información y no podía redactarla. Entonces, al principio de 1966, lee A sangre fría, de Truman Capote,  y esta le da la clave para empezar a escribir Z. “En el arte no existe la originalidad”, afirma Vasilicós.
            La primera respuesta a la idea de traducir al español Lo poco que sé de Glafcos Zrasakis fue negativa porque era muy difícil la traducción. Luego, Ángel Pérez se encargaría de pasarla al español. Vasilicós comenta que el libro circula en Grecia en cinco versiones diferentes, sin embargo, la que se ha traducido al español es la primera y la mejor. Afirma además, que para escribir este libro le influyeron muchos las obras de Nabokov, La verdadera vida de Sebastián Knight y Pálido fuego; y también las de Jean-Paul Sartre, El idiota de la familia.
            Además habló sobre los griegos de hoy en día con relación a los clásicos. Dice que ellos han sufrido de los antepasados. “En Grecia no puedes escavar sin encontrar antigüedades”, no podía construir casas de cosas antiguas. Eso les llevó a detestar lo antiguo.
            Vasilicós, recordando su niñez, critica además la educación de Grecia, dice que en la escuela daban griego clásico. Durante todo un año estudiaban tres páginas de Antígona, de Sófocles y con ellas sintaxis y gramática. Cuando acabó la escuela no sabía aún quién era Antígona. Luego, cuando fue a una escuela francesa donde representaban la obra, comprendió que Antígona era una revolucionaria.
            “Cuando hablas a la gente de Grecia, piensan solo en los clásicos, de la antigüedad, y eso no es justo. Nosotros también vivimos allí abajo, existimos, construimos, hacemos cosas…”, comenta Vasilicós.  
             “Este libro se fue formando en un periodo en que sucedieron muchas cosas importantes.” Durante sus años de exilio tuvo la oportunidad de conocer a los emigrantes griegos por motivos económicos que vivan en Alemania. Siente la necesidad de plasmarlo en un libro, de contarlo, pero no encontraba otra manera sino que metiéndose en la piel de otra persona. De este modo encontró un alter ego que se llama Glafcos Zrasakis, a partir del cual pudo expresar sus propios sentimientos. Al final de libro cuenta cómo le puso ese nombre. Cuenta Vasilicós que había un escritor griego en París que se llamaba Trazos Kastanati donde él vivía en su casa sin saber que era su casa. De esa coincidencia de Trazos Kastanati hizo Glafcos Zrasakis. Y a través de este personaje pudo explicar ese periodo tan complicado de su vida.
            “En Roma de 1978, a su 38 años, se murió mi mujer en mis brazos…fue un gran impacto porque no estaba enferma”. Dice que en ese momento escribe una frase: “Glafcos Zrasakis ha perdido a su mujer”. Vasilicós explica todo esto porque dice que se puede convertir en una novela todo aquello que se vive, pero no la muerte.  
            Además de ser considerado el escritor de moda en su país, es también un maestro y promotor de los jóvenes escritores de su país.


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