martes, 29 de abril de 2014

Javier Almuzara y el don de la palabra

 
Con el motivo del 92º aniversario del nacimiento del poeta y lingüista Emilio Alarcos Llorach, el poeta Javier Almuzara dio el pasado 28 de abril una conferencia en el Aula Magna de la Universidad de Oviedo titulada "La poesía: la música que piensa". Al conferenciante lo acompañó el crítico literario José Luis García Martín y la directora de la Cátedra Emilio Alarcos, Josefina Martínez.
En nombre de la Cátedra, que lleva trece años de actividad, Josefina Martínez empezó dándole las gracias a Javier Almuzara y recitando luego algunos versos de Jorge Guillén. "Son muchos los talentos de este admirable hombre. Es un excelente poeta, su poesía es de hermosa sonoridad", dijo la directora de Javier Almuzara. "Javier Almuzara es ejemplo vivo de una vocación literaria", siguió recalcando. Y es que Javier Almuzara fue alumno de Josefina Martínez en la Universidad de Oviedo. "Era un joven educado, discreto, que siempre iba por libre en las disciplinas", recuerda la directora, quien intentó guiarle para que se encaminara hacia la gramática de la lengua española. “Mal intento”, bromeó al final.  “Lo que a él le interesaba era la otra gramática, la  de las emociones, la peripecia humana”, sentenciaba antes de cederle la palabra a José Luis García Martín.
Por su parte, García Martín recuerda que conoció a Javier Almuzara allá por el año 1989. “Yo vi su primer poema”, dice orgulloso. Y es que Javier Almuzara lleva escribiendo y publicando poemas veinticinco años. Y pronto aparecerán dos libros con el sello de la prestigiosa editorial Renacimiento. Después de referir algunas anécdotas literarias, García Martín resume en tres palabras a Javier Almuzara, una es Poesía. “Es un poeta de tradición clásica”, afirma. Javier Almuzara escribe sonetos, epigramas, décimas, poemas con rimas, con métrica, con ironía, poemas que conectan con la fábula. Sus maestros fundamentales son: Horacio y Omar Jayyam. La segunda palabra que define a Almuzara es Música. “Javier Almuzara habla de la música con la pasión que da el conocimiento”. Es amante constante de este tipo de arte y contagia su amor por la música. Y la última palabra es Entusiasmo. “Es un entusiasta de aquello que admira, de aquello que ama. Y sabe transmitir ese entusiasmo”, explica García Martín quien lo conoce mejor que nadie.
Después de las bellas palabras de Josefina Martínez y José Luis García Martín,  Javier Almuzara no puede ocultar la alegría. Su semblante, sus esquivas y movedizas cejas negras, sus gestos, delatan la alegría de estar rodeado de tan buenos admiradores.
Los aplausos del público aún no cesaban cuando quiso mostrar su agradecimiento a la Cátedra Emilio Alarcos.
“El nombre de Emilio Alarcos a mí solo me trae satisfacción”, empieza confesando el poeta. Y es que Javier Almuzara fue ganador del II Premio Alarcos de Poesía en el 2003 con el libro Constantes vitales. Es además un gran lector de los ensayos del filólogo homenajeado.
Javier Almuzara es un excelente articulista, colabora semanalmente en Asturias Diario, donde habla de arte, de música, de literatura, en fin, de todo lo que él sabe. Su prosa siempre está entreverada con algún aforismo.
Antes de su conferencia, Javier Almuzara leyó y comentó un poema elegíaco de Emilio Alarcos para homenajearlo.
La conferencia estaba tan llena de metáforas brillantes que era imposible aburrirse. Como maestro que es, nos hizo sentir a todos los presentes alumnos suyos. 
Javier Almuzara dice que suele escribir los poemas en cualquier parte, siempre lleva consigo una libreta para anotar sus ocurrencias. Pero la inspiración le acompaña sobre todo en sus viajes, como por ejemplo, en una excursión a Grecia. “Era un atardecer maravilloso en la isla de Siros”, rememora. Describe poéticamente el lugar, como un locus amoenus, y el momento en que la musa iba a dictarle unos versos. “Todo era perfecto en aquel instante y luminoso” cuando se le ocurrió un poema y lo dejó grabado sobre una pizarra de una capilla blanca frente al mar. Los versos del poema dicen así: “Luz y silencio. / He venido a encontrarme / con lo que llevo dentro”, recita.
Como alumno, he anotado de forma apresurada unos apuntes que merecen sin duda la pena de ser guardados en la memoria. Cito a continuación algunas de sus frases:
“La concisión obliga a ser preciso, aunque la concisión no garantiza la exactitud”
“Más vale soneto forzado que ciento volátil”.
 “Escribir poesía es un proceso de descubrimiento. La forma poética forma parte de esa revelación y está al final del proceso, no en su punto de partida. Lo que tenga que decir el poema además será un proceso irreductible incluso para el propio poeta, o no merecería la pena el viaje a esas tierras remotas con vocación de nuevo continente”.
“Deja de haber sido buen escritor quien termina siendo malo”.
“La poesía puede cantar sin alzar la voz”.
“El aliento poético no debe confundirse con la respiración de la prosa”.
“Despojar a la poesía del manto retórico no es desnudarla de artificio”.
“Puede hacerse poesía de la prosa, pero nunca prosa de la poesía”.
 “Lo que busco en poesía, como creador y lector indistintamente, es ligereza sin frivolidad, gracia sin vulgaridad, hondura sin hermetismo, inteligencia sin aridez y emoción sin patetismo”.

“Escribir poesía es un arte en dos tiempos. El proceso debe iniciarse sin fiscal y el oficio solo debe terminar sin abogado defensor. Es decir, que hay que escribir sin trabas y corregir sin piedad.”

domingo, 6 de abril de 2014

Francisco Umbral, escritor por antonomasia

Francisco fue un periodista, novelista y ensayista español. Había nacido en Valladolid en 1932. En esa ciudad pasa su infancia y su juventud, también fue donde inició su andadura como escritor. Desde muy joven comienza a colaborar en El Norte de Castilla, periódico que dirige Miguel Delibes.
En los años 50 pasa a vivir en León. Trabaja como periodista radiofónico y colabora en el Diario de León. Tras un escándalo, en 1961 decide trasladarse a Madrid, donde vivirá hasta su muerte en 2007.
En Madrid participa en la tertulia literaria del Café Gijón. Escribe reseñas de libros. Quería ser poeta, pero la poesía no era suficiente para vivir, no le daba dinero.
Cuando muere Franco en el 76, nace El País, periódico intelectual. En ese diario empieza a colaborar Francisco Umbral, publica Diario de un esnof.
Sus artículos se vuelven populares, por el tono irónico, directo y provocativo que tienen. Ya era periodista reconocido. Estas características lo sitúan en la línea del estilo de César González-Ruano y Camilo José Cela. Pero Francisco Umbral tenía otro sueño más, quería ser novelista.  
Francisco Umbral publicó más cien libros, era un escritor prolífico. La mayoría de sus obras fueron hechas por encargos.
Sus novelas más importantes son: Los males de sagrados, 1973; Las Ninfas (Premio Nadal, 1976); Los helechos adolescentes; entre otros.
Pero también escribió libros de biografías, escribe sobre la vida de sus grandes maestros, como, por ejemplo, Anatomía de un dandy, que narra la vida de Mariano José Larra. Otro sobre la de Federico García Lorca, Lorca, poeta maldito y la biografía de Ramón Gómez de la Serna, Ramón y las vanguardias, 1978; entre otros.
También escribirá libros sobre la literatura de algún escritor, como La escritura perpetua, sobre la César González-Ruano; Un cadáver esquivo, relacionado con Camilo José Cela; entre otros.
Francisco Umbral tiene además memorias escritas: Memorias de un niño de derechas, Retrato de un joven malvado, La noche que llegué al Café Gijón.

Francisco Umbral fue un escritor por antonomasia. Vivía de lo que escribía. En 1996, fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, y en el 2000 recibió el Premio Cervantes. 

Enlace de interés:
http://www.cervantes.es/bibliotecas_documentacion_espanol/biografias/sao_paulo_francisco_umbral.htm 
http://fundacionfranciscoumbral.es/index.php

martes, 1 de abril de 2014

Aprendiendo en la Semana Cultural

     Durante los días 24 y 28 de marzo, se llevó a cabo la 3ª Edición de la Semana Cultural de la Facultad de Filosofía y Letras de Oviedo. Una semana llena de actividades culturales daba oportunidad a todo el mundo, sea alumno o no, de disfrutar de conciertos, de películas, recitales poéticos, exposiciones fotográficas, etc.


Martes 25


Dentro de la Semana Cultural se ha celebrado un recital poético, organizado por la asociación De las palabras bonitas, cuyo organizador es el poeta Borja Fernández, estudiante de la Universidad de Oviedo. Además de él, leyeron también sus poemas Ángel García, Nacho Iglesias, Claudia Elena Menéndez, Victoria Sánchez, Diego Solis (que escribe sus poemas cuando viaja, algunos de sus versos son ecos de los poemas de Luis García Montero), Andrés Treceño y Laura Ruiz (estos últimos leyeron sus poemas por videoconferencia). Los poemas, además de en español, estaban escritos en asturiano y en inglés.
 Unos versos a la muerte se quedan flotando en mi recuerdo, son los versos de la poeta Claudia Elena Menéndez que dicen: “Como siempre vienes sola, / como siempre vas acompañada”. 


Jueves 27


   Nos queda la palabra. Escritores en la Universidad de Oviedo es el nombre de la proyección de fotografías de la artista María Jesús Flórez. El montaje audiovisual estuvo a cargo de María Martínez Vallina, licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Oviedo.
          La exposición se llevó a cabo en el vestíbulo de la primera planta del Edificio Departamental.
El compás de la gaita marcaba la transición de una foto a otra. El tema era “Lucia”¸ de Francisco José Álvarez González. Las imágenes de todos los poetas que habían leído alguna vez en la Universidad de Oviedo van pasando lentamente. Algunos de los fotografiados eran de Francisco Brines, Leonar Cohen, Antonio Muñoz Molina, Aurora Luque, José Luis García Montero, Carlos Marsal. También fotos de poetas de la casa como Javier Almuzara, José Luis Sevillano, Rodrigo Olay, Carlos Iglesias, Jaime Martínez, Javier García Rodríguez, Diego García Solís, Claudia Elena Menéndez, Raquel Fernández, etc.
          Diez minutos de proyección resumen una memoria inagotable de alegres sonrisas, de miradas afables, de tímidos abrazos, de ternura, en fin, de bellos momentos. Porque María Jesús Flórez es una fotógrafa que no solo atrapa lo mejor de los artistas sino también lo mejor del momento. Allí está su arte, en sus dedos, en sus ojos atentos. Desde la sombra, desde una esquina, atrapa el alma de los fotografiados.
El texto que presenta la exposición es de José Luis García Martín. Describe a la fotógrafa: “A María Jesús Flórez le gustaría ser invisible, recoger la magia del momento sin que se note la presencia del fotógrafo.”
   Con todo esto, podríamos decir que la selección de fotos es  un viaje por la historia de la literatura contemporánea, además de una antología poética. 
   
Viernes 28

         
La Semana Cultural culminó con la Visita al Museo Arqueológico de Asturias. Con nuestro guía, Fernando Rodríguez del Cueto, becario de la Universidad de Oviedo, hicimos un recorrido desde el Neolítico hasta la presencia de los romanos en Asturias, pasando por la edad de los metales y el tiempo de los castros.  
         En la era Neolítica, la gente que pobló la región asturiana hace unos 4.500 años talaron bosques para cultivar los campos, de los cuales aparecieron los primeros espacios abiertos para obtener pastizales y domesticar animales.
Estas sociedades neolíticas iban desarrollándose, mejoraban sus técnicas de caza, de trabajo con la aparición del metal. Surgen las primeras minerías y el fenómeno metalúrgico que favorecieron un rápido avance de aquella sociedad.  
Los castros son comunidades prerromanas que habitaron el norte de España. Constituyen el modelo de hábitat en Asturias entre el final de la Edad del Bronce y la implantación romana.
Destaca la religiosidad castreña. Tenían ritos vinculados con el sol y la luna y espacios ceremoniales en torno a rocas y ríos. El mundo funerario de los Castros sigue siendo desconocido. En La Campa Torres se conocen enterramientos infantiles bajo el suelo de las cabañas.
Los territorios asturianos fueron ocupados por los ejércitos romanos en tiempos del emperador Augusto (30 a. C.).

Lo que motivó a los romanos para la conquista fueron los yacimientos  de oro que había en la península ibérica, en especial en el norte de España.